Díptera juguetona Yolanda Aguirre¿Por qué todos te desprecian?
Injustos somos con los seres pequeños
qué tontos, no valoran tu presencia
limpiar los pútridos cuerpos de este ecosistema
no es tarea de poca monta
y sin embargo te culpan de genocidio
cuando luego de tan noble y delicada labor
posas tus patitas en un plato de comida
disentería, cólera, fiebre tifoidea, gritan agitados
¡Cuánta ingratitud!
Un altar te mereces, un busto y un poema.
Un día en la vida de MúscidaRosa LotfeAunque era bastante prieta, fuliginosa, muy velluda y de enormes ojos saltones, su aspecto la tenía sin cuidado, así que con el mayor desparpajo se presentó al elegantísimo banquete de bodas de Casimiro y Clementina que tenía lugar en el jardín de un hotel de cinco estrellas.
Anduvo curioseando de mesa en mesa como si tal cosa; degustó la gran variedad de platillos; se engolosinó con el merengue del pastel y hasta probó el champagne a la hora del brindis. La muy atrevida, se acercó a los novios cuando bailaban el vals para hacerle cosquillitas en el bigote a Casimiro, éste trató de alejarla y sin querer, le estampó una sonora bofetada a la incrédula Clementina.
Contenta con su travesura, dio vueltas y vueltas por la pista coqueteando con todos los ejemplares masculinos, hasta que finalmente, sin un ápice de recato, se apareó con uno de los galanes frente a la mirada atónita de los distinguidos comensales. Su actitud molestó a don Fulgencio, el padre de la novia, quien furibundo, le ordenó al capitán de meseros que la echara fuera, pero ella, haciendo alarde de una agilidad impresionante, no se dejó atrapar y se escabulló tan campante, zigzagueando satisfecha.
El atardecer la sorprendió, ebria y exhausta en la rama de un almendro. Habían transcurrido casi quince días desde que salió de la pupa y apenas podía sostenerse, su cuerpo languideció y cayó al vacío con el último rayo del sol.
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Solache Durante toda la tarde, aquella mosca chocó más de una vez contra la ventana.
Aterrizó al otro lado de la habitación y comenzó a frotar sus patas delanteras como si estuviera planenando la huida.
Su insistencia la mandó nuevamente contra el cristal y, por fín, por una rendija logró escapar.
De forma burlona, me presumió su libertad permaneciendo estática del otro lado de la ventana.
Al dar la vuelta y retomar el vuelo, la mosca contra una telaraña se fue a estampar.